Don Elías era conocido por su habilidad para pescar sin esfuerzo. Cada mañana lanzaba su red al mar y regresaba al atardecer confiado en que el océano haría su parte.

Un día, el mar estuvo generoso. La red volvió cargada de peces plateados, brillantes como monedas nuevas. Pero Don Elías, ocupado en otros asuntos, dejó la red en el agua sin revisarla.

Pasaron las horas. El sol cayó. Las olas se agitaron. Cuando finalmente volvió, encontró la red vacía. Los peces se habían escapado por un pequeño agujero que llevaba días sin reparar.

Elías se sentó en silencio. No era culpa del mar, ni del azar. Era su descuido. Desde entonces, cada mañana revisaba su red antes de lanzarla. Aprendió que no basta con confiar en la abundancia: hay que cuidar los medios que la sostienen.

🌟 Moraleja: La oportunidad puede llegar, pero si no cuidas tus herramientas, la perderás.

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