En un pequeño pueblo vivía un joven llamado Tomás, conocido por su impaciencia. Siempre quería resultados rápidos: sembraba semillas y al día siguiente esperaba ver frutos, pintaba cuadros y se frustraba si no los vendía de inmediato. Un día, un anciano sabio le regaló una planta diminuta en una maceta y le dijo:
—Cuídala con paciencia, y te dará algo valioso.Tomás la regó dos días, pero al no ver cambios, la abandonó en un rincón. Pasaron semanas y, sin que él lo notara, la planta creció gracias a la lluvia y al sol. Cuando finalmente floreció, todos en el pueblo admiraron sus hermosas flores. Tomás se dio cuenta de que había perdido la oportunidad de disfrutar el proceso y el resultado por su falta de constancia. Moraleja: Las cosas verdaderamente valiosas requieren tiempo, esfuerzo y paciencia. Quien se rinde demasiado pronto, nunca verá florecer sus semillas.
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